El camino de la Mujer Sagrada

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Estamos viviendo un tiempo donde el despertar de lo femenino se ha acentuado, algo en nuestro interior nos llama, nos guía, nos ayuda a comprendernos parte de un todo aún más grande, esa luz casi invisible esta entre nuestros ojos es el ñawi, el ojo sagrado que puede ver lo invisible en nosotras mismas.

Está despertando la mujer sagrada, como una flor que despierta en el invierno, y entonces reconoce su templo que es su propio cuerpo, cada trocito de piel es sagrado, cada célula, cada gota de sangre. Se reconoce como hija de los elementos: el fuego, el viento, el agua y la tierra están dentro de ella, los siente y los ama, ama su cuerpo, lo acepta, lo honra, ya no lo ve con los mismos ojos que juzgan, ve con los ojos del corazón. Despierta el amor por cada rinconcito de sí misma y  esto eleva su amor,  es dueña de un templo sagrado, su cuerpo es lo sagrado que la contiene. (“Camino de la Guerrera”- Neila Marquina)

Cuando nos amamos a nosotras mismas, cuando elevamos nuestro amor, entonces el amor en si mismo crece, se multiplica, se magnifica, entonces empezamos a sanar y la sanación es parte de ese camino.

Sanar desde el amor, nos permite acercarnos a la niña que habita dentro de nosotras, reconocerla y ayudarle a expresar todos sus miedos, sus rabietas, sus rencores, su dolor y sus sueños desde la base del amor.

Sanar desde el amor, permite que conectemos con la adolescente, con la que empezó a jugar con la sexualidad, los limites, lo “prohibido”, a romper normas y entrar dentro de juicios, a ser domesticada, y ayudarle a comprender y buscar una solución efectiva.

Sanar desde el amor, permite que conectemos con nuestra esencia sanadora y entonces vamos revisando poco a poco cada etapa de nuestra vida para limpiarla y recoger de ella esos regalos que la experiencia convierte en sabiduría.

Cuando la mujer sagrada ha despertado, entonces busca a través de su cuerpo honrarse a sí misma, sus emociones, sus sueños, se hace  “más caso”, se escucha, se siente, y presta oídos a su intuición, a los mensajes que ahora puede ver a medida que va caminando, al salir del metro o camino a su trabajo.

Comienza a comprender el lenguaje del universo, el lenguaje invisible que la reconoce porque se ha reconocido a sí misma. Este reconocimiento le permite ver, abrir aún mas el ñawi – la visión, ese ojo que  permite ver lo invisible, las personas que le rodean ya no son solo seres humanos que están ahí por casualidad, el amor que tiene su magia se va extendiendo y hace que los ame profundamente, que ame la magia que habita en ellos, su misterio, sus dudas, sus temores, hace que se despierte en ella la compasión – amor, esa compasión sana que permite comprender y ponerse en el lugar del otro, porque reconoce en el otro a su hermano o hermana, no por la sangre, sino porque es igual que ella un ser de luz en un cuerpo humano.

Los ojos de la mujer sagrada, se vuelven brillantes, desprenden esa belleza misteriosa que solo los que han despertado pueden reconocer, y es ahí, en ese instante cuando deja de estar sola… y es parte de lo sagrado del Universo.

Wara wara.

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