Enraizamiento… Volver a casa (1a parte)

Enraizarse… no es arraigarse,  no es quedarte fijo en un lugar, una ciudad, una cultura, un momento de tu vida. 

Enraizarse es algo mucho más profundo, es el reconocimiento de nuestro origen, es responder a la pregunta de ¿quiénes somos y por qué estamos aquí?

mujerarbol

Cada vez con más intensidad y más frecuencia, miles de personas en el planeta sienten la necesidad de volver a conectar con la energía de la Tierra, le llaman la madre, la diosa y buscan formas de volver a ella. Entremedio de todo eso hablamos del enraizamiento, pero qué es realmente?

Para comprender el sentido real plenos de conciencia, tenemos que volver a la profunda humildad y reconocer nuestro lugar en el Multi-uni-verso al que pertenecemos.  Si nos observamos ante tal magnitud, somos apenas una mota de polvo, pequeña muy pequeña, casi insignificante, tal vez el polvo de alguna estrella viajera. Somos apenas un elemento más del gran TODO.

En  la Sabiduría profunda de los Andes, desde el Amawtismo, proponemos recordar quiénes somos, ya que es importante saber reconocer nuestro lugar para estar bien. Saber, por ejemplo, que somos seres duales, que tenemos una energía cósmica y una energía terrestre que nos sostienen y que nos ayudan a equilibrar nuestra vida.

Como seres cósmicos, somos gigantes, pues dentro de nosotros está la esencia del Gran Espíritu, del eterno Creador, de Wiñay Jakiri. Esta esencia se manifiesta dentro de nosotros, recordándonos los Dioses y Diosas que somos, esta esencia es la que nos permite bucear en lo profundo del espíritu para volver a él, a la armonía, al amor y la sabiduría de nuestro sagrado Padre Creador de quien nunca nos hemos separado.

Pero a la vez, somos seres telúricos, por haber encarnado en este hermoso y sagrado planeta al que nosotros, desde la cosmovisión andina, llamamos Pachamama. Ella, es nuestra madre, estamos hechos de su misma esencia, nuestro cuerpo está conformado por los mismos elementos (físicos y químicos) que la conforman, y como toda madre, no solo nos ha dado la vida, si no, nos da todo lo necesario para vivir en ella, pues somos su prolongación, somos sus hijos.

Enraizarse, es reconocer que nuestro cuerpo y cada elemento que lo constituye como materia orgánica, es un elemento terrestre. Si hemos nacido aquí no somos extraterrestres! (aunque los haya). Si somos humanos, somos telúricos, pertenecemos a la Tierra y no al revés. Ella no nos pertenece.

Esto lo saben todos los pueblos originarios del Abya Yala,  ellos  nos han dejado un legado sagrado en torno a esta realidad. Ellos saben que somos parte de la tierra, que somos sus hijos y ella es nuestra madre, saben que somos perfectos seres duales, sincrónicos, cósmicos y telúricos, no somos ni más ni menos que una piedra o un insecto, pues ellos más bien, son nuestros hermanos e incluso pueden ser nuestros maestros.

Los sabios, los amawtas, nos recuerdan que hay que volver a la Pachamama, hay que volver a nuestra madre para enraizarnos, nos dicen que todos los seres que la habitan están enraizados, menos los seres humanos y por eso no sabemos caminar sobre su piel.

Enraizarse es reconocernos que somos hijos de la Tierra, hijos e hijas de este planeta, que hemos nacido de su vientre, que es el vientre de nuestra madre y así hasta llegar al origen, en ese origen donde está ella: la Pachamama. 

Sin embargo, la mayoría de nuestra actual humanidad, no recuerda y no resuena con esta información, cuando hablamos nos ven como extraños, raros, extravagantes, pero lo cierto es que la Pachamama es más que una moda, es una necesidad esencial que está despertando en los seres humanos en este momento preciso, pues es la única alternativa que tenemos para volver al equilibrio y a la armonía.

Somos nosotros, a lo largo de la historia, quienes hemos ido olvidando nuestras raíces, no sabemos quiénes somos, hemos perdido la identidad. Hemos subido a nuestra mente, nos hemos alejado de nuestro centro, hemos perdido nuestra propia voluntad, hemos cedido nuestro poder, hemos negado nuestro origen telúrico y de esta manera también hemos ofendido con nuestros actos la manifestación de la vida: Nos hemos convertido en los hijos más desagradecidos que hay sobre el planeta.
Debido a nuestra inconsciencia, este des-enraizamiento colectivo nos está deshumanizando, y nos lleva a vivir procesos de autodestrucción hacia nosotros mismos, además de a nuestro planeta. Y dirás, ¿pero cómo puede afectarnos eso?, simplemente porque nuestras raíces activan todo nuestro sistema energético, activan y fluyen desde las raíces hacia los chakras, hacia lo que también se conoce como kundalini, armonizando todo nuestro ser.

Cuando estamos enraizados estamos centrados y cuando estamos en nuestro centro, creamos armonía a nuestro alrededor, co-creamos la realidad, podemos producir cambios en nuestra vida, honramos la vida y todo lo que la rodea, cobramos consciencia, nos hacemos más presentes, más comunitarios, aprendemos a vivir en armonía, a vivir bien…

Si imaginamos un bosque, e intentamos ver debajo de la tierra, observamos que cada árbol, arbusto o hierbita, tiene una raíz diferente no son iguales, pero sin embargo se respetan y respetan su espacio, cada una coge de la tierra lo que necesita, sin mirar que el otro árbol necesita más o menos nutrientes, (es cierto que algunos árboles necesitan mucho espacio vital, también hay personas que lo necesitan), pero sobretodo, esas raíces tejen una red bajo la tierra, una red de comunicación, todas esas raíces están conectadas.

Esto mismo sucede con nuestras raíces, todos estamos inter-conectados a través de ellas y podemos sentir o percibir lo que sucede a nuestro alrededor, somos como “antenas”,  se activa nuestra intuición y sobretodo nuestra empatía. Estamos interconectado a todo y entre todos y por tanto todo lo que le sucede a uno, influye en los demás. Esto lo sabemos en la cultura de la vida, todos somos complementarios, todos somos uno y al enraizarnos conscientemente esto se activa, esta memoria despierta en nuestro cuerpo, en nuestro ser y podemos vivir la vida con consciencia, producir cambios en nosotros mismos y en todo nuestro alrededor.  Por supuesto no es algo que sucede de un momento a otro, pero sucede.

Ojalá la humanidad entera estuviera enraizada, el sistema en el que vivimos cambiaría drásticamente.

Es importante recordar que somos árboles que caminan, que somos tierra que camina, montaña que camina, que nuestra fuerza originaria viene de la tierra, del cosmos, de nuestra esencia cósmico-telúrica.

Enraizarse… no es arraigarse,  no es quedarte fijo en un lugar, una ciudad, una cultura, un momento de tu vida.

Cuando estamos enraizados nos volvemos más libres para recorrer y caminar por toda la piel de nuestra madre sagrada. Cuando nos arraigamos sin embargo es posible que perdamos nuestras raíces.

Los seres humanos hemos perdido nuestra cualidad de nómadas,  un día nuestros antepasados dejaron de viajar para establecerse en un lugar fijo, allí la sociedad se desarrolló hasta que un día crearon fábricas, las comunicaciones el transporte hicieron que no tengamos que movernos a ningún lugar a buscar nada, la televisión, el internet, nos lo pone ahora todo dentro de casa, nos traen la comida, las compras, el trabajo también puede hacerse desde casa y así poco a poco dejamos de movernos. Os suena? Pues esta forma de vivir nos mata las raíces. Tanta comodidad nos ha dormido.

Las ciudades han sepultado la tierra, nos dejan solo algunos metros cuadrados en parques y plazas, pero no es suficiente, cada vez más en las calles hay menos árboles, las ventanas de los edificios son frías no hay flores, no hay apenas pájaros (a no ser que los tengan en jaulas) y pensamos que estamos bien, compramos aire sobre aire para vivir, pensamos que compramos tierra, pero la tierra no se compra, ¿cómo comprar a tu mamá?

Si nos quedamos sin movernos en las ciudades, nos des-enraizamos, hay que moverse, volver a nuestro origen en la naturaleza, salir de nuestra zona de confort para ir a sus templos, peregrinar a lo que fueron nuestros templos, a esos lugares sagrados donde la vida palpita, hay que volver con humildad a los bosques, abrazar los árboles que son sabios, a hablar con ellos, aprender de su ejemplo.

En la sabiduría de los andes, en la sabiduría Amawtica, decimos que hay re-aprender a comunicarnos, porque todo habla, todo tiene voz, la piedra, el agua, el árbol, la montaña, el viento, todo tiene un lenguaje universal todo tiene espíritu. Solo hace falta humildad para volver.

La Pachamama, siempre espera a sus hijos, siempre nos cuida, nos abraza, nos alimenta, ella jamás nos echará de su lado, ni renegará de nosotros. Hay que perdonarnos por no haber sido buenos hijos, porque tampoco nos enseñaron.

Volvamos al camino de la Pachamama, al camino rojo del corazón, a sentir, pensar y actuar desde nuestra unicidad.  Jallalla!!!

4madresweb

Warawara · Neila Marquina
Wilumi – Sacerdotisa de la Madre Tierra

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One thought on “Enraizamiento… Volver a casa (1a parte)

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