Enraizamiento… Volver a casa (1a parte)

Enraizarse… no es arraigarse,  no es quedarte fijo en un lugar, una ciudad, una cultura, un momento de tu vida. 

Enraizarse es algo mucho más profundo, es el reconocimiento de nuestro origen, es responder a la pregunta de ¿quiénes somos y por qué estamos aquí?

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Cada vez con más intensidad y más frecuencia, miles de personas en el planeta sienten la necesidad de volver a conectar con la energía de la Tierra, le llaman la madre, la diosa y buscan formas de volver a ella. Entremedio de todo eso hablamos del enraizamiento, pero qué es realmente?

Para comprender el sentido real plenos de conciencia, tenemos que volver a la profunda humildad y reconocer nuestro lugar en el Multi-uni-verso al que pertenecemos.  Si nos observamos ante tal magnitud, somos apenas una mota de polvo, pequeña muy pequeña, casi insignificante, tal vez el polvo de alguna estrella viajera. Somos apenas un elemento más del gran TODO.

En  la Sabiduría profunda de los Andes, desde el Amawtismo, proponemos recordar quiénes somos, ya que es importante saber reconocer nuestro lugar para estar bien. Saber, por ejemplo, que somos seres duales, que tenemos una energía cósmica y una energía terrestre que nos sostienen y que nos ayudan a equilibrar nuestra vida.

Como seres cósmicos, somos gigantes, pues dentro de nosotros está la esencia del Gran Espíritu, del eterno Creador, de Wiñay Jakiri. Esta esencia se manifiesta dentro de nosotros, recordándonos los Dioses y Diosas que somos, esta esencia es la que nos permite bucear en lo profundo del espíritu para volver a él, a la armonía, al amor y la sabiduría de nuestro sagrado Padre Creador de quien nunca nos hemos separado.

Pero a la vez, somos seres telúricos, por haber encarnado en este hermoso y sagrado planeta al que nosotros, desde la cosmovisión andina, llamamos Pachamama. Ella, es nuestra madre, estamos hechos de su misma esencia, nuestro cuerpo está conformado por los mismos elementos (físicos y químicos) que la conforman, y como toda madre, no solo nos ha dado la vida, si no, nos da todo lo necesario para vivir en ella, pues somos su prolongación, somos sus hijos.

Enraizarse, es reconocer que nuestro cuerpo y cada elemento que lo constituye como materia orgánica, es un elemento terrestre. Si hemos nacido aquí no somos extraterrestres! (aunque los haya). Si somos humanos, somos telúricos, pertenecemos a la Tierra y no al revés. Ella no nos pertenece.

Esto lo saben todos los pueblos originarios del Abya Yala,  ellos  nos han dejado un legado sagrado en torno a esta realidad. Ellos saben que somos parte de la tierra, que somos sus hijos y ella es nuestra madre, saben que somos perfectos seres duales, sincrónicos, cósmicos y telúricos, no somos ni más ni menos que una piedra o un insecto, pues ellos más bien, son nuestros hermanos e incluso pueden ser nuestros maestros.

Los sabios, los amawtas, nos recuerdan que hay que volver a la Pachamama, hay que volver a nuestra madre para enraizarnos, nos dicen que todos los seres que la habitan están enraizados, menos los seres humanos y por eso no sabemos caminar sobre su piel.

Enraizarse es reconocernos que somos hijos de la Tierra, hijos e hijas de este planeta, que hemos nacido de su vientre, que es el vientre de nuestra madre y así hasta llegar al origen, en ese origen donde está ella: la Pachamama. 

Sin embargo, la mayoría de nuestra actual humanidad, no recuerda y no resuena con esta información, cuando hablamos nos ven como extraños, raros, extravagantes, pero lo cierto es que la Pachamama es más que una moda, es una necesidad esencial que está despertando en los seres humanos en este momento preciso, pues es la única alternativa que tenemos para volver al equilibrio y a la armonía.

Somos nosotros, a lo largo de la historia, quienes hemos ido olvidando nuestras raíces, no sabemos quiénes somos, hemos perdido la identidad. Hemos subido a nuestra mente, nos hemos alejado de nuestro centro, hemos perdido nuestra propia voluntad, hemos cedido nuestro poder, hemos negado nuestro origen telúrico y de esta manera también hemos ofendido con nuestros actos la manifestación de la vida: Nos hemos convertido en los hijos más desagradecidos que hay sobre el planeta.
Debido a nuestra inconsciencia, este des-enraizamiento colectivo nos está deshumanizando, y nos lleva a vivir procesos de autodestrucción hacia nosotros mismos, además de a nuestro planeta. Y dirás, ¿pero cómo puede afectarnos eso?, simplemente porque nuestras raíces activan todo nuestro sistema energético, activan y fluyen desde las raíces hacia los chakras, hacia lo que también se conoce como kundalini, armonizando todo nuestro ser.

Cuando estamos enraizados estamos centrados y cuando estamos en nuestro centro, creamos armonía a nuestro alrededor, co-creamos la realidad, podemos producir cambios en nuestra vida, honramos la vida y todo lo que la rodea, cobramos consciencia, nos hacemos más presentes, más comunitarios, aprendemos a vivir en armonía, a vivir bien…

Si imaginamos un bosque, e intentamos ver debajo de la tierra, observamos que cada árbol, arbusto o hierbita, tiene una raíz diferente no son iguales, pero sin embargo se respetan y respetan su espacio, cada una coge de la tierra lo que necesita, sin mirar que el otro árbol necesita más o menos nutrientes, (es cierto que algunos árboles necesitan mucho espacio vital, también hay personas que lo necesitan), pero sobretodo, esas raíces tejen una red bajo la tierra, una red de comunicación, todas esas raíces están conectadas.

Esto mismo sucede con nuestras raíces, todos estamos inter-conectados a través de ellas y podemos sentir o percibir lo que sucede a nuestro alrededor, somos como “antenas”,  se activa nuestra intuición y sobretodo nuestra empatía. Estamos interconectado a todo y entre todos y por tanto todo lo que le sucede a uno, influye en los demás. Esto lo sabemos en la cultura de la vida, todos somos complementarios, todos somos uno y al enraizarnos conscientemente esto se activa, esta memoria despierta en nuestro cuerpo, en nuestro ser y podemos vivir la vida con consciencia, producir cambios en nosotros mismos y en todo nuestro alrededor.  Por supuesto no es algo que sucede de un momento a otro, pero sucede.

Ojalá la humanidad entera estuviera enraizada, el sistema en el que vivimos cambiaría drásticamente.

Es importante recordar que somos árboles que caminan, que somos tierra que camina, montaña que camina, que nuestra fuerza originaria viene de la tierra, del cosmos, de nuestra esencia cósmico-telúrica.

Enraizarse… no es arraigarse,  no es quedarte fijo en un lugar, una ciudad, una cultura, un momento de tu vida.

Cuando estamos enraizados nos volvemos más libres para recorrer y caminar por toda la piel de nuestra madre sagrada. Cuando nos arraigamos sin embargo es posible que perdamos nuestras raíces.

Los seres humanos hemos perdido nuestra cualidad de nómadas,  un día nuestros antepasados dejaron de viajar para establecerse en un lugar fijo, allí la sociedad se desarrolló hasta que un día crearon fábricas, las comunicaciones el transporte hicieron que no tengamos que movernos a ningún lugar a buscar nada, la televisión, el internet, nos lo pone ahora todo dentro de casa, nos traen la comida, las compras, el trabajo también puede hacerse desde casa y así poco a poco dejamos de movernos. Os suena? Pues esta forma de vivir nos mata las raíces. Tanta comodidad nos ha dormido.

Las ciudades han sepultado la tierra, nos dejan solo algunos metros cuadrados en parques y plazas, pero no es suficiente, cada vez más en las calles hay menos árboles, las ventanas de los edificios son frías no hay flores, no hay apenas pájaros (a no ser que los tengan en jaulas) y pensamos que estamos bien, compramos aire sobre aire para vivir, pensamos que compramos tierra, pero la tierra no se compra, ¿cómo comprar a tu mamá?

Si nos quedamos sin movernos en las ciudades, nos des-enraizamos, hay que moverse, volver a nuestro origen en la naturaleza, salir de nuestra zona de confort para ir a sus templos, peregrinar a lo que fueron nuestros templos, a esos lugares sagrados donde la vida palpita, hay que volver con humildad a los bosques, abrazar los árboles que son sabios, a hablar con ellos, aprender de su ejemplo.

En la sabiduría de los andes, en la sabiduría Amawtica, decimos que hay re-aprender a comunicarnos, porque todo habla, todo tiene voz, la piedra, el agua, el árbol, la montaña, el viento, todo tiene un lenguaje universal todo tiene espíritu. Solo hace falta humildad para volver.

La Pachamama, siempre espera a sus hijos, siempre nos cuida, nos abraza, nos alimenta, ella jamás nos echará de su lado, ni renegará de nosotros. Hay que perdonarnos por no haber sido buenos hijos, porque tampoco nos enseñaron.

Volvamos al camino de la Pachamama, al camino rojo del corazón, a sentir, pensar y actuar desde nuestra unicidad.  Jallalla!!!

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Warawara · Neila Marquina
Wilumi – Sacerdotisa de la Madre Tierra

Audio Circulo Palabra: Sacerdotisa de la Madre Tierra 27-05-2017

En primer lugar agradezco desde el corazón a mi hermosa tribu amawtica, al Amawta Fernando Ergueta, a mis herman@s Azucena y Gerard por cedernos el espacio tan bello y sagrado que ha permitido este primer encuentro circular.

Y en segundo lugar, muchisimas gracias a quienes asistieron para compartir este mensajito que la Pachamama hace brotar del corazón, para que llegue a quien tenga que llegar y para que resuene en los corazones.

Muchas gracias!!!  Jallalla!!!

Warawara ·
Wilumi – Mujer medicina

Nota: Respetando la individualidad y la privacidad de quienes participaron en el circulo, dejamos el audio de solo una parte del encuentro. Muchas Gracias!! 

CONFERENCIA: SACERDOTISA DE LA MADRE TIERRA

Iniciamos un ciclo abierto de conferencias y charlas para profundizar sobre nuestro camino como mujeres y hombres medicina, un espacio para compartir la palabra que nace del corazón, y que puede darnos una pequeña luz en nuestro camino espiritual.

Esta primera conferencia, la realiza Warawara · Neila Marquina, sacerdotisa de la Madre Tierra, Sacerdotisa Solar y Lunar, que transita hace más de 7 años el camino Rojo de la Pachamama, ha sido iniciada en la sabiduría ancestral de los andes, el Amawtismo, que proviene de Tiwanaku y el Lago Titicaca, mujer medicina, iniciadora de círculos femeninos y masculinos,

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“En los andes, la espiritualidad no está sólo representada por los hombres, las mujeres ocupamos un lugar muy importante en la ritualidad andina, la espiritualidad también tiene ese matiz de complementariedad, nunca lo ha perdido pese a toda la presión que ha sufrido de parte de la iglesia en los últimos 500 años”.

“Aunque hablemos de sacerdotisas, en aymara o jaya maru, que es el lenguaje del universo, se les llama Wilumi,  son mujeres que han elegido seguir un camino misional y consciente de conexión con la Madre Tierra, ellas son iniciadas en lugares de poder para poder representar a la Pachamama, ellas son la voz de la Madre Tierra, ellas ahora vuelven para honrar el camino de los ancestros, para proteger lugares sagrados, para guiarnos desde la feminidad, desde el corazón”.

“Hoy en día, hace falta que tanto hombres como mujeres, recuperemos el poder de nuestra espiritualidad que es ,muy distinto a la religión. Es imprescindible meditar sobre nuestra conexión con la Madre Tierra, sobre recuperar nuestras raíces, es necesario volver a su amor, como dice el Amawta Fernando, la conexión con el Cielo, con el gran padre universal, no la hemos perdido, pero sí hemos olvidado a nuestra madre, y volver a ella es la única alternativa que tenemos para unificarnos, para volver al equilibrio y traer la armonía a nuestro alrededor y entre toda la humanidad”.

FECHA: 27  de mayo de 17 a  19.30 (aprox.)
LUGAR: Estudios Dubbing – Carrer del Rosari, 12, Barcelona
AYNI: Aporte Voluntario.
Plazas Limitadas! por favor confirma tu asistencia. Gracias! Jallalla!!

ENCONTRAR PAREJA… UN CAMINO DE CONSCIENCIA Y SANACIÓN.

A happy couple in love with painted smiley and hugging

Durante estos años de profundizar en la terapia Amawtica, en los círculos o las sesiones personales, uno de los temas que sale a menudo y que suele esconder un dolor profundo de soledad en quienes acuden a consulta, es la pregunta del millón… ¿Por qué es tan difícil para mí encontrar pareja? ¿por qué no puedo encontrar una persona con quien compartir mi vida?. Desde luego la búsqueda de las respuestas a veces puede llevarnos a la desesperación, porque no sabemos qué decirnos a nosotros mismos y no sabemos cómo callar ese dolor silencioso que nos remueve cada vez que vuelve la dichosa pregunta.

Es cierto, no existe un manual universal del cómo encontrar pareja, porque cada persona es un mundo muy complejo, y lo que funciona para unos, en absoluto ayuda a otros. Y también es cierto, que si no hacemos algo ya, cuantos más años pasamos en la misma situación la sensación de soledad crece y se hacen hueco en nuestra vida, el vacío y la desesperanza, que sobrellevamos la mayoría de las veces, en silencio, en sufrimiento, y algunas otras en resignación.

No me atrevo a decir que sea algo que solo sucede a las mujeres, pero en este caso particular, veo que son ellas quienes más lo sufren, sobretodo en aquellas mujeres que están en un camino de despertar espiritual o que están profundizando en su proceso de sanación y no saben por dónde empezar a tocar este tema.

Sanar desde las raíces
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Durante las consultas, cuando sale este tema como el motivo “principal”, en realidad vemos que no es algo aislado, pues todos venimos con nuestra historia personal, con nuestro pasado, con nuestros miedos, con nuestros amores y desamores, con la niña o adolescente herida, con la historia de nuestros padres o abuelos, con historias de violencia familiar u otras heridas profundas, todos venimos y vamos con nuestra mochila a cuestas, y es en ella que resalta y sobresale el tema de la pareja, pero solo es la punta del iceberg y hay que ser muy valientes para sumergirse y ver qué se esconde debajo.

A veces, sucede que repetimos patrones familiares, por ejemplo, elegimos como pareja justo la persona menos indicada, aquella que se parece a nuestro padre o abuelo y repetimos la historia una vez más, sin darnos cuenta que estamos actuando como lo hacía nuestra madre o abuela, repitiendo las mismas conductas, a veces de violencia, de sumisión, de control, de sobreprotección, de darlo todo a cambio de nada, de entregar la media naranja o la naranja entera, etc., etc.
Desde luego que estas parejas podrían funcionar, lo han hecho nuestros padres; pero si por desgracia, esa estructura familiar está enferma, es muy probable que la relación se quiebre y termine siendo una pesadilla, una y otra vez, hasta que tomemos cartas en el asunto y decidamos liberarnos de los patrones que nos condicionan.

Otras veces, cargamos con contratos invisibles que pasan de madre a hija, de generación en generación. Si, por ejemplo, vemos la historia de las mujeres de nuestra familia, encontramos solteras, viudas, divorciadas, historias complejas que tienen parecido con nuestra “soledad”, y puede que no influya en muchos casos, pero sí en otros, cuando se esconden detrás de esas vidas contratos como: “no me casaré nunca”, “jamás estaré con un hombre”, “las mujeres de mi familia siempre estarán solas”, “mis hijas se quedarán para cuidarme”, etc. y que han pervivido hasta hoy.
Nuestro linaje femenino es poderoso, la historia de nuestras mujeres es muy potente y a veces se nos olvida que la llevamos dentro, es más ignoramos que en nuestras células, está la historia de todas nuestras ancestras, que llevamos su legado y que también se lo entregaremos a nuestras hijas.

Además, también tenemos las experiencias que vivimos en nuestra propia vida, lo que vimos y vivimos de pequeños, la forma de relacionarnos con el sexo opuesto que aprendimos y aprehendimos de nuestra familia, nuestros primeros encuentros sexuales, la idea de pareja que introyectamos, la visión de la familia, de la sociedad, de la religión, de nuestra cultura.
Queramos o no, casi todos los conceptos (verdades) que tenemos en nuestra cabecita sobre pareja, sexualidad, matrimonio, amor, romance, enamoramiento, etc. etc. son verdades que no son nuestras, sino que parten de los esquemas en los que hemos vivido y que han moldeado nuestra conducta. Y que también es necesario revisar y cuestionar… ¿qué significa realmente tener pareja para mi? ¿qué es el amor?¿cómo se relaciona una pareja?, son algunas preguntas que necesitan una respuesta y para ello hay que revisar los esquemas, las introyecciones de la familia, la sociedad, la cultura, la educación, la religión, etc. identificar los condicionamientos y finalmente “elegir” nuestra propia verdad, sobre la cual vamos a construir nuestra realidad.

Despertar y abrir el corazón…

meditando en el mar

No hay un antes o un después, no es una receta lineal, sino es un proceso de sanación, de liberación y de consciencia, que requiere que tengamos mucha paciencia con nosotras mismas y dejar de hacer las cosas “para” tener pareja, sino seguir el proceso y hacerlo porque nos ayudará a estar mejor y atraer a esa persona que al igual que nosotros está sanando su vida, pues hoy en día, en este salto de consciencia las parejas hemos cambiado nuestro código y es necesario que ambos despertemos, que ambos hagamos un salto de consciencia, que ambos sanemos y nos liberemos, por tanto… ten confianza que allí en algún lugar está esa persona, sanando y viviendo su proceso para finalmente encontrarse contigo y mientras…

Sana las relaciones con los hombres de tu vida… (y también con las mujeres), comenzando por tu papá, tu abuelo, tu tío, tu hermano… son los primeros hombres que hemos conocido y que nos influyen, sanar la relación, limpiarla, equilibrarla, perdonar, aceptar, soltar o liberar, también nos libera, nos ayuda a aceptar al otro opuesto con todas sus limitaciones, sus virtudes y sus defectos. Para relacionarte con el otro, la mejor práctica es en casa.

Recoge tu energía y los regalos de las relaciones del pasado…, no puede sembrarse un jardín en un lugar donde solo hay estiércol (por ser fina), atrévete a hacer una lista de todos los chicos que pasaron por tu vida, aunque sea una sola noche, incluso de los amores platónicos, pues todos han dejado una huella en ti, y si ha habido relaciones sexuales, puede que aún quede un lazo energético que te una a ellos. Revisa la lista, perdona y libera a cada uno, despídete con amor, con agradecimiento, recapitula los momentos más importantes y recoge tu energía, devuelve la energía que puedas aun tener, libérate de los lazos de las exparejas, déjalos ir y recoge el regalo de cada relación: ¿Qué lección de vida aprendiste con esa persona? Observa, puede que a veces tropecemos con la misma piedra una y otra vez, y aún no aprendamos, la vida es muy sabia y no nos dejara pasar lecciones. Perdona, perdónate y sana.

Se clara, que estás buscando? Qué tipo de relación quieres en tu vida?… a veces sucede que no somos claras con la clase de persona que queremos atraer, queremos un modelo de revista y la vida nos lo trae, pero entonces está súper ocupado con las sesiones de fotos, con las modelos que le rodean, contratos, viajes, etc. y finalmente esa relación se vuelve insostenible, porque no era eso lo que pediste. ¿Realmente no era eso?. Si basas tus expectativas en lo efímero las relaciones no tienden a durar. Es importante que te conozcas, que sepas claramente, qué quieres que forme parte de tu vida, que es lo que valoras. A veces la soledad, se llena de expectativas que no se cumplen. Atrévete a hacer una lista, revísala las veces que sean necesarias, profundiza en lo que realmente quieres.

Y antes de pedir, también medita honestamente qué estas dispuesta a dar, qué es lo que ofreces? Media o toda la naranja?? (otra vez no!!!). Una relación de pareja de este nuevo tiempo, está basado en el Ayni, el ayni es una expresión andina (aymara) que quiere decir algo parecido a “perfecta reciprocidad”, es decir, que tiene que haber un equilibrio entre lo que das y lo que recibes. Ya no podemos basar las relaciones unidireccionales, el tiempo, la atención, el cariño, el sexo, el dinero, la energía, etc. etc. tiene que ser recíproco, tiene que ser de ida y vuelta, tiene que ser complementaria. Es tiempo de romper esquemas que ya no nos sirven y que no van a sostener las nuevas relaciones de pareja.

Reflexiona y aplica en tu vida la jerarquía del amor, una pareja no puede serlo todo, ni el amor de una pareja es el único amor que existe, redistribuye tu amor, tu atención, tu tiempo, llena tu vida de amigos, de familia, de hobbies, de madre tierra, etc. etc. llena tu vida de amor y deja un trozo para la pareja que vendrá, otro para los hijos que tendrás o que tienes. Pero el resto redistribuye y date un buen trozo de amor para ti misma.
Y finalmente has tú pedido al universo, abre tu vida y deja que suceda sin expectativas…., esta sin duda es una de las partes más difíciles porque implica confiar en ti, en tus guías, en tu proceso. Confiar en que en algún lugar del mundo hay otra u otras personas que se están preparando para conocerte, así como tú lo estás haciendo. Elige un día, ceremonialmente, una luna llena, un solsticio, un equinoccio, reúnete con tu tribu, con tu clan y ora, ora desde tu propia esencia. Entrega tu pedido, entrega tu proceso, entrega tu soledad, tu vacío y abre tu corazón al universo, a la vida,… y luego olvídate de lo que pediste, no hace falta hacerlo una y otra y otra vez, no lo harías en una compra por internet verdad?, así que déjalo y confía en que te llegará cuando sea el momento. Entretanto, entrégate a la vida, tienes mucho amor para dar y distribuir…

Claves para una relación de pareja en equilibrio

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Finalmente comparto un tesoro, algo que durante estos años me ha ayudado a profundizar en la relación de pareja, a sanarme y ayudar a sanar, a liberarme de patrones, de esquemas y hacer todo esto que os he escrito, que no solo es la experiencia en consulta, sino que es parte de mi propia vida, yo lo hice y me fue muy bien.  Gracias al Amawta Fernando, sabio y guía de la Escuela Amawtica, tenemos estos siete principios para que una pareja pueda estar equilibrada, te invito a meditar sobre ellos, a preguntar o comentar, pues los profundizaremos más adelante.

  1. No te quedes en la máscara, no te fijes en el exterior, sino lo que guarda adentro.
  2. Que compartan la Mística y el Misterio.
  3. La lealtad es más importante que la fidelidad.
  4. Que ambos sean de la misma vibración.
  5. Que la relación sea en libertad, sin posesión.
  6. Aprender a amar, sin enamorarte
  7. Y si te enamoras, que el enamoramiento sea con conciencia.

Una de las leyes universales de la naturaleza, de la Pachamama, es la ley de la resonancia, que dice que todo lo que resuena con nosotros será atraído a nuestra vida de manera inevitable. La ley de la resonancia siempre nos dice sí. No nos contradice, si por ejemplo crees que tu vida no funciona o no tiene sentido, con seguridad lo confirmará. Pero si crees que mereces una relación amorosa, profunda, consciente y sincera, con seguridad eso se manifestará en tu vida.

NOTA IMPRESCINDIBLE: Desde luego, este artículo no es una receta, pero sí, una reflexión profunda desde la experiencia, es mi verdad y no es la verdad absoluta. Pero si la pones en práctica y te va bien… me encantaría saberlo!

Gracias. Jallalla.

 

Warawara · Neila Marquina
Terapeuta Amawtica · Mujer Medicina ·
Wilumi · Sacerdotisa Solar y Lunar ·  Guardiana de los misterios sagrados.
Acompaña a mujeres y hombres en el proceso del despertar de su consciencia, en la sanación de patrones y códigos ancestrales, y la conexión sagrada con la energía de la Madre Tierra.

Luna llena de Marzo: luna de la sacerdotisa

Hay lunas llenas muy amorosas, que nos embriagan con su magia y su luz, otras nos remueven desde las entrañas y su luz enjuaga las lágrimas que caen de nuestros ojos.

Hay lunas llenas comunitarias y llenas de alegría, pero también las hay lunitas solitarias, lejos de la tribu y del hogar…

Esta luna de marzo, es una luna singular… y mi corazón me dice que es la luna de las mujeres sabias, la luna de las sacerdotisas, la luna de las wilumis, de las mujeres-medicina que despiertan y también de las que duermen.

Es la luna femenina, de  las mujeres que hemos emprendido un camino de despertar espiritual,  de sanación profunda y de consciencia.

Es la luna de las mujeres valientes y sagradas, que no se agarran a slogans feministas, sino que son femeninas, aman a sus hombres, a sus hijos, a sus ancestros y sanan su linaje.

Es la luna de las sabias mujeres, que saben ser hermanas sin despeinarse y despeinadas, de las que son madres cuando y donde haga falta, de las que saben hacerse abuelas cuando es necesario, de las que son hijas perfectas de la madre tierra y se entregan a su camino, sin dudar de sus propios pasos.

Es la luna, de las mujeres sabias y profundas, que guardan en el invierno de su corazón sus dolores y a pesar de ellos nos muestran su sonrisa cuando les contamos nuestras penas, porque ven más allá de si mismas, porque aman profundamente.

Esta luna, es la luna llena de las mujeres que eligen cuando nacer y cuando partir, de las que saben renovar sus alas las veces que sean necesarias, hasta el preciso momento en que se abren los portales del cielo, del Hanajpacha, donde habitan los seres de luz para iluminarse completas e iluminarnos con su presencia ya invisible.

Es la luna de las sabias Contadoras de Lunas, sacerdotisas auténticas que mes tras mes, nos dan su mensaje, nos recuerdan que debemos seguir adelante, con fe, con amor, iluminando nuestras oscuridades para brillar un poquito más, sin rendirnos, mirando atrás sólo para aprender… amando la vida y amando a quienes nos rodean a cada instante.

Esta luna de marzo, es la luna de mi hermana del alma, la luna sagrada de mi kullakita, Naijani… por siempre…

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Sanando lo Femenino… «La envidia»

Hace un tiempo atrás escribí un breve artículo sobre la competencia, este gran mal de nuestro tiempo, que nos afecta a la gran mayoría de mujeres. Desde entonces, he continuado mi reflexión y observación acerca de este “mal femenino”, de dónde viene?, porque viene?, cómo sanar la competencia entre nosotras?, cuál es su raíz o raíces?, cómo nos afecta en nuestras relaciones?, etc. han sido algunas de las preguntas que me han llevado a profundizar y encontrar más pistas que nos pueden ayudar a sanar esta herencia femenina.

BRUJA BLANCA Y BRUJA NEGRA….

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Tal vez lo más difícil sea reconocernos como mujeres que competimos, muchas de las que leen este blog, y otras mujeres con las que compartimos círculos y talleres, estamos en un camino espiritual muy bello, en el que trabajamos “nuestra luz”, el aceptar y reconocer nuestro potencial,  nuestros dones, nuestro poder, nuestra capacidad de sanación,nuestras misiones, etc. es un camino hermoso y no siempre fácil, pero que para ser auténtico necesita estar en equilibrio y para ello es imprescindible conocer “nuestra sombra”.

Tanto acercarnos y poner nuestro empeño en avivar nuestra luz puede cegarnos, y hacer que nuestra mente (que por cierto es asombrosa), nos juegue una mala pasada, haciéndonos creer que ya que somos luz, y por lo tanto no hay sombras por trabajar… y esto, lamentablemente, está muy lejos de la realidad. Ya que si fuéramos totalmente luminosas no estaríamos leyendo este artículo, estaríamos en el khanaj pacha, en el nirvana o en el paraíso, pero no en la tierra, no aquí donde estamos en este instante.

Por experiencia propia, cuanta más luz descubrimos dentro de nosotras, más conscientes somos de nuestra sombra, y esa sombra esconde nuestros deseos más horribles e impensables, los defectos que queremos esconder a todo el mundo incluyéndonos a nosotras mismas, los pensamientos más malvados que hemos tenido o que podrían ocurrírsenos, la manipulación o el poder sobre los demás, todo aquello que en otra vida nos supo apetitoso está ahí.

No obstante, es cierto,  somos brujas “blancas” pero hemos tenido que recorrer un camino para diferenciar la luz de la oscuridad, y  ahí en nuestra sombra aún habita la bruja negra que está en nosotras… y si no nos enfrentamos a ella en algún momento, si no nos atrevemos a conocerla, un día nuestra luz se tornará oscura, pues el camino hacia el equilibrio consiste en no ir a extremos.

Y cómo es esa bruja negra?, pues repasemos la historia de las brujas negras y malvadas, muchas de ellas han sido consumidas por su dolor o sus propios miedos (negados), su egoísmo, su manipulación, su vanidad, su necesidad de control, su avaricia, su egocentrismo, su superioridad, su envidia, etc., etc., muchas usaron sus poderes psíquicos, de sanación, su sabiduría, el poder de palabra o la seducción, etc. etc. para manipular a los demás, para atentar contra las leyes divinas, esencialmente contra la Libertad.

No diré ya quienes llegaron a manejar la magia de sangre, que seguro las hubo muchas, pues no sabemos cuántas vidas habremos vivido en esta hermosa tierra, y tuvimos que vivir todas las experiencias para aprender lo que hoy sabemos… que NO QUEREMOS REPETIR LA LECCIÓN!!

Solo conocemos la Luz y el camino que debemos seguir por la sabiduría del corazón, y esa sabiduría, no es más que la experiencia acumulada durante muchísimas vidas, que ahora nos alerta sobre cada paso que estamos dando, para no errar esta vez.

Y DETRÁS DE LA COMPETENCIA…LA ENVIDIA

Y bueno, profundizando y observando esa sombra y hablando con la bruja negra, descubrí que la competencia, además de estar instaurada como un patrón familiar y social, también tiene una de sus raíces en la envidia.

Y que horrible palabra, a ninguna mujer le gusta reconocerse como envidiosa, pero si estamos en el proceso de sanar nuestra competencia femenina, debemos también revisar lo que no nos gusta.

La envidia para empezar nunca es sana, mucha gente dice “yo tengo envidia sana”, pero eso no existe, es como decir tengo una buena enfermedad, no existen enfermedades buenas.. si fueran buenas, no fueran enfermedades. Así que seamos honestas somos envidiosas, en mayor o menor grado, es posible, pero la envidia está ahí.

Y que es la envidia?. Básicamente, es desear lo que el otro tiene basándonos en la comparación. Y es una enfermedad que puede llegar a intoxicarnos el alma, a volvernos brujas verdes, nos bloquea el corazón, nos bloquea la creatividad, nos anula y nos hace tristes.

Pero por qué envidiamos? Por qué no somos capaces de ser felices con lo que nosotros tenemos? Yo sinceramente, aún no lo sé.

PAUTAS PARA SEGUIR SANANDO

Sin embargo, he descubierto pautas que nos pueden ayudar a seguir sanando, no solo la competencia, sino la envidia, y pueden ayudarnos a aceptarnos cada vez más y mejor, a nosotros mismos y todo lo que nos rodea:

>> Aprender a ser agradecidos, esta es la medicina más sagrada, la magia más blanca que existe y con la que podemos alejar cualquier oscuridad, la gratitud.

La mayoría de los seres humanos, nos quejamos todo el tiempo por lo que tenemos o por lo que no tenemos, le prestamos tanta atención a nuestros sufrimientos, que hasta nos ponemos tristes y esa es la muestra de nuestro egoísmo, sí, egoísmo porque la tristeza nos hace olvidar del resto del mundo, solo sacamos la cabeza por la ventana para quejarnos, por lo que nos duele, por lo que no podemos hacer, por lo que nos pasa, hasta por nuestras enfermedades, nuestros dolores, nuestros males.

Si fuéramos agradecidos veríamos que al final, lo que nos sucede no es tan malo, no enfocamos nuestra atención y nuestra energía en todo lo que tenemos de bueno. Si no vemos con un ojo, en vez de quejarnos, debemos agradecer por tener el otro ojo. Por tener lo esencial, por estar rodeados de quienes nos rodean, por haber nacido donde hemos nacido, por nuestra salud, por nuestro cuerpo, hay mucho por lo que agradecer, hasta por nuestras enfermedades o dolencias, pues seguro traen aprendizajes muy valiosos para nuestra vida.

Debemos aprender a no ser ingratos, a dar gracias a la vida, a Dios, a la Pachamama, no importa, simplemente dar las gracias, desde que nos levantamos hasta que nos vamos a dormir, se obraran milagros!!, nuestros guías, nuestros ángeles dirán, mira este ser, le hemos dado tantas pruebas y aun así está agradecido, quitémosle los pesares y démosle alegrías, pues lo merece. No me creas… haz la prueba!.

>> Reconocerte como única  e incomparable, no existen dos seres iguales, ni dos caminos, ni dos formas de existencia, Dios y la Pachamama solo hacen originales, hace el molde solo una vez, y luego lo rompe, no existen dos seres iguales, todos somos únicos e irrepetibles. Pero no aceptamos eso, porque? Porque queremos ser igual que el otro?, tener su nariz, sus ojos, su pelo, estamos viéndonos afuera porque no vemos hacia adentro. Ojalá aprendiéramos a amarnos y aceptarnos como seres únicos, entonces no habría posibilidad de comparación.

>> Recuerda que todos somos reflejo de lo que vemos,  nos olvidamos que todos somos espejo de otros. Si en el otro vemos la belleza, solo somos capaces de reconocerla porque está en nosotros, lo mismo si vemos defectos, es la ley del espejo, en realidad siempre nos estamos viendo a nosotros mismos. Pero nos puede pasar como Adonis, tanto verse en el espejo pierde su vida. Así es cuando miramos hacia afuera, a los demás, perdemos mucha vida.

>> Mira hacia tu hogar, en “conversaciones con Amawta”, nos dice que en la calle todos somos teatreros, todos sonríen, todos ponen una cara bonita para salir a la calle o para salir en la foto, pero en su casa es donde se desata el verdadero paraíso y o el verdadero infierno, a puerta cerrada, donde nadie ve sus miserias o sus alegrías. Es ahí donde debemos mirarnos, hacia nuestras casas, a nuestro alrededor, a nuestra familia, a nosotros mismos, si queremos tener una idea de cómo estamos. Deseamos mucho las alegrías de los demás, les vemos felices, sonrientes pero solo ellos saben lo que está en su corazón, ellos son los que conocen sus propios sufrimientos y pesares, nosotros no sabemos qué se esconde detrás de esas sonrisas que deseamos.

>> Tú eres tu propia medida, Estamos midiéndonos con los demás, como Gulliver cuando está con los enanos, es un gigante y cuando está con los gigantes, es el enano… pero en realidad siempre es el mismo, lo que cambia está fuera de él. Si queremos medirnos con alguien, debemos hacerlo con nosotros mismos, como éramos hace cinco o diez años?, como somos ahora?, y cómo queremos ser de aquí a cinco o diez años?, si somos justos solo podemos medirnos y compararnos con nosotros mismos.

En fin, aun da mucho más para escribir, para profundizar, para seguir meditando. Pero entre tanto… gracias, gracias por llegar hasta aquí, hasta este final, hasta estas letras. Gracias por ser parte de mi vida, de este caminar, de este blog, gracias por ser única, ser irrepetible y ser incomparable.

Jallalla!!

Warawara.

Sanando lo femenino… “La competencia”

“¿Por qué competimos tanto las mujeres?. Lamentablemente la competencia se ha instaurado entre muchas mujeres mucho más de lo que desearíamos reconocer, muchas de nuestras relaciones están basadas en la competición y la comparación. Es más, no conozco mujer tan trabajada que pueda decir que no compite, ni se compara, aunque sí muchísimas que estamos trabajando estas pautas y patrones de comportamiento para no repetirlos”.

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“Aceptarnos es el camino para sanar la competencia”

La competencia, parte de un patrón ya caduco que está muy instaurado en nuestra sociedad, un patrón que tiene la base en  valorar “quien es mejor”, o “quien da mas” ó “quien consigue más cosas”. Sin embargo estos patrones de conducta a lo único que nos conducen es a alejarnos de nuestro centro.

Hace un tiempo atrás, yo misma me di cuenta, que aún sentía este patrón muy disfrazado y escondido en mis actitudes. Al ver a una de mis hermanitas tener grandes logros, una parte mía estaba muy feliz por ella, pero también sentía que desde mi oscuridad hablaba una voz, instando a buscarle los defectos para no alegrarme por ella, la envidia, los celos, afloraban casi sin que me diera cuenta, ¿por qué no aceptaba sus éxitos?, ¿qué pasaba dentro mío?

Era tan fuerte ese impulso y tan disimulado, que lo único a lo que atine fue a guardar esa pregunta para mi madre sagrada, pues sentí que yo sola no llegaba a encontrar la respuesta. Gracias a una ceremonia muy profunda, tuve la oportunidad de entrar en su vientre sagrado y decirle: mamá ¿por qué compito aún?, por qué a pesar de tanto trabajo interno, aún vuelven estos fantasmas de competencia y comparación?, ¿por qué no puedo simplemente alegrarme por ella? ¿Qué no estoy viendo?

Entonces ella, amorosamente me respondió “Porque aún no te aceptas”. Fue simple, una respuesta directa que me ayudó a recordar, a entrar en el propio núcleo de este patrón. Había trabajado tanto hacia afuera, buscando la luz, que me había olvidado de algo tan esencial, revisar una vez más mis “temas pendientes”, revisar también mis sombras.

Entré en mi recuerdo como en un viaje, y pude verme de niña, en los primeros años, donde no existía la competencia. Me vi haciendo dibujos, que para mi eran hermosos, me vi, siendo valorada por los “mayores”, y ví,  cómo esos “mayores”  comparaban mis tímidas obras con las de mis compañeros de la guardería…-“Hazlo igual que ella”… “mira ves como ella lo hace mejor?”…-

Recuerdo los “premios” para los niños que hacían lo que “ellos consideraban mejor”, recuerdo que todos mirábamos nuestros dibujos sin entender que estaba mal. Me vi, aprendiendo a mirar con juicio lo que yo hacía, a compararlo. Me vi enfadada e indignada, me vi niña herida y desvalorizada, ¿por qué los árboles solo podían ser verdes!!?. Solo podía ser de una manera, y era la forma en que los adultos querían que fuera.

Solo quien seguía sus indicaciones, era valorado, pero quien se salía de eso, era reprendido. Vi el origen,  en el que dejé de aceptar mis propias obras. Vi el momento exacto cuando decidí dejar de pintar o más bien, de mostrar mis dibujos a otras personas. Vi la herida de una niña desvalorizada y que había perdido la fé en sí misma.

La competencia, no es nada más que una herida en la niña o niño interior, una herida que pudo ser causada por la forma de educación de una sociedad basada en la comparación, y que se nos ha transmitido desde pequeños, no solo por la escuela, sino en la familia, para cumplir estándares sociales. Estándares que consolidan un “patrón de conducta normalizado por la sociedad”.

El resultado, es que dejamos de creer en nosotros mismos, olvidamos el amor por nuestras propias obras. De niños vimos nuestros dibujos o nuestros garabatos, los comparamos, los rechazamos y en algún momento decidimos que “lo que hacían los demás era mejor” y la siguiente decisión fue superarlo y superarnos, pero no por nosotros, sino por lograr la “aprobación”(lease muestra de amor) de los demás, sean nuestros padres o maestros.

Entonces pude comprender una verdad esencial: “Aceptar-nos es la medicina para sanar la competencia”, aceptar es ver las cosas tal como son en este momento, ver la realidad de lo que es y lo que hay, asimilarla, comprenderla y hacerla parte de ti.

  • Revisar nuestra historia personal para encontrar el núcleo en el cual se originó ese patrón.
  • Revalorar nuestras obras (sea cuales fueren), aceptarlas tal como son, sin compararlas, sin juicio, sin buscar la aprobación de nadie.
  • Aceptar que lo que hacemos no gustará a todo el mundo, habrá gente a la que le guste y a quienes no.

Todavía competimos y nos comparamos porque no nos dedicamos a nosotras mismas. A amar lo que hacemos. Es necesario sanar las heridas de esa niña. Devolverle la confianza y animarle a que vuelva a pintar, a dibujar, a bailar a «su manera». Esa “su manera” es lo que le hace especial, única, irrepetible, incomparable.

Cuando una mujer u hombre recupera esa confianza en sí misma, y se permite aceptarse a sí mismo con todas sus virtudes y sus defectos, no necesita competir, ni compararse, no le afecta ni siquiera que otras personas quieran o deseen competir, no entra en ese juego. Simplemente disfruta de lo que hace y lo transmite, eso llega y es inspirador, y esto es lo más importante, esto es lo que necesita la humanidad: Seres auténticos que nos inspiren por el amor que transmiten en sus obras.

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“Cuando somos comunitarias, no necesitamos competir”.

Sin duda, es necesario ser críticas con nuestra sociedad si queremos avanzar en este camino espiritual, pues solo de esta manera podremos proponer soluciones a las actitudes que causan estos patrones que ya no nos sirven.

Hemos nacido en una época en que las sociedades son todo menos comunitarias, muchas se han ido al extremo del individualismo, son sociedades enfermas, llenas de soledad, de heridas que necesitan transformarse desde adentro.

En  ‘Conversaciones con el Amawta’, hablamos sobre este tema, sobre la importancia de las comunidades en este nuevo tiempo, sobre la esencia del comunitarismo femenino y el papel que ocupamos las mujeres para que esto se pueda hacer realidad.

En principio, no se trata de correr a crear comunidades físicas o de imitar las comunidades originarias (aunque todas las experiencias, que son muchas y variadas, son válidas y maravillosas), no son lo prioritario en este momento, simplemente, porque aún no estamos preparados.

Y para llegar un día a hacerlas tangibles, lo que toca, es comenzar a cambiar nuestros patrones de individualismo y abrir el corazón para ser comunitarios, como lo es la Pachamama:

“En el jardín, hay un pino, un frutal, un arbusto, una flor y algunas hierbitas, cuando regamos ese jardín, el pino absorbe casi el 60% de agua, el frutal un 30%  y el resto las demás plantas. Si les escuchas, ellas no estan quejandose de cuánta agua consume el pino, o cuanta agua le queda al frutal o porque las pequeñas tienen menos. Si pidieran igualdad, el jardín hubiera muerto hace tiempo.” (El amawta Fernando). 

La Pachamama es comunitaria, el comunitarismo no es igualdad, es respetar lo que a cada uno le toca de acuerdo a sus necesidades, es aceptar que son diferentes, aceptar los dones y las necesidades de cada uno. No es comunista ni democrática, es comunitaria. Cómo podría competir un pino con un rosal? ó un peral con una manzano? incluso dos tomateras?.

Sólo podemos sanar la competencia cuando nos dedicamos a aquello que se corresponde con nuestra esencia, cuando aceptamos nuestra unicidad, cuando aceptamos que somos diferentes.

“Pon atención a tus propios frutos, no te fijes en los demás”.

Alguna vez imagine a dos mujeres cada una con su huerta. Eran casi iguales, la diferencia principal residía en que una de ellas cultivaba un huerto con frutos preciosísimos y deliciosos, las ventas le subían y podía dedicar más tiempo y más inversión para hacerlas crecer. La otra mujer, sin embargo, se dedicaba casi todo el tiempo a mirar  la huerta de su vecina, lo que hacía y como lo hacía, a ver sus errores, a tratar de imitar su trabajo, sin tener los mismos resultados, lo que le llevaba a una frustración constante y a tener una huerta desolada y unos frutos apenas comestibles. Finalmente acababa hablando mal de ella y haciéndole mala fama.

De esta imagen extraigo lo que nos sucede a muchas de nosotras las mujeres, estamos tan pendientes de las demás que nos olvidamos casi por completo de nosotras mismas. Si cuidaramos nuestro propio jardín tal vez serían otros los resultados, tal vez nos diésemos cuenta de que nuestra virtud no es el cultivo de la misma fruta, e incluso de otra actividad como el canto o la danza, o la pintura o los negocios, o las ventas, o la construcción, o quién sabe qué.

Sólo conociéndonos, sabemos en qué somos buenos, y hacer aquello en lo que eres mejor es lo que te hace ser competente. No competitivo, porque…

“No es lo mismo  ser competente que ser competidora.”

Un dia amawta me dijo «ser competente es saber asegurar tu plato de comida, saber conservar tu pareja, saber conservar tu Clan, no perder a tu tribu y no perder los espacios que has ganado». Con el tiempo comprendí mucho más estas palabras, de qué nos sirve mirar hacia afuera, hacia lo que hacen los demás, si perdemos lo esencial?. Ser competitivo nos aleja de esas cosas esenciales, nos hace perder el valor.

“Todas somos como niñas que vamos a jugar, al jugar recordamos. Solo al competir nos hacemos adultas, entonces olvidamos” .

Warawara · Neila Marquina
Madre · Wilumi · Guardiana de los Misterios Sagrados de la Pachamama · Sacerdotisa de la Tierra, Sacerdotisa Solar y Lunar.